Para competir con China, primero hay que conocerla

Si en la UE aspiramos a competir con China lo primero que tenemos que hacer es conocerla, pero a menudo nos llega una mirada tergiversada del mundo chino.

Por ejemplo, en Vanguardia Dossier (julio / septiembre 2021), P. Barret expone que el confucianismo, base de la idiosincrasia china, es una de sus grandes debilidades: “El pensamiento de Confucio es muy contrario al pensamiento científico (…) es un aprendizaje pasivo. Para Confucio, aprender significa memorizar y repetir los clásicos” (página 19). Sin embargo, la experta educativa sueca Inger Enkvist, en su libro Controversias Educativas, dice que “sin memoria sencillamente no hay pensamiento” (página 85), y que, en contra de aquellos que consideran inútil memorizar algo que se pueda encontrar en Google, “para buscar algo, hay que saber primero lo que se va a buscar” (página 85). En pleno siglo XXI obviamente los científicos chinos no memorizan los clásicos, sino el conocimiento y los avances en sus respectivas disciplinas.

Barret también indica que “en el confucianismo, hay que inclinarse siempre ante los mayores” (página 19), y que esto también supone un lastre a su modernización. No obstante, pienso que el confucianismo ha evolucionado de “obediencia ciega” a “asunción de responsabilidades”. Por ejemplo, la responsabilidad de los niños es estudiar, y comportarse bien en clase. Por eso en China puede haber orden en clases de 50 alumnos, mientras que en las aulas españolas 30 alumnos pueden ser en ocasiones casi inmanejables. 

Veamos ahora otro ejemplo. Hace un par de meses una amiga me envió un ejercicio de su English File (nivel B1, capítulo 7, Oxford University Press), donde se narraba el siguiente experimento: para comprobar si los sistemas educativos asiáticos eran mejores, cinco profesores de China viajaron al Reino Unido para enseñar durante 4 semanas matemáticas, ciencias y chino mandarín a un grupo de chicos británicos de 13 – 14 años. El resto de alumnos continuarían con sus profesores británicos. Este artículo está basado en el documental de la BBC Are Our Kids Tough Enough? Chinese School.

El artículo enumera todas las “características” del sistema chino que incorporaron los alumnos británicos: jornadas escolares de 12 horas, 30 minutos diarios de gimnasia a primera hora de la mañana, 50 alumnos por clase, mucho por copiar de la pizarra, pocos experimentos en ciencias, alumnos castigados de cara a la pared, etc.

Demasiado duro para un chico occidental; cuando los profesores chinos empezaron a perder el control, modificaron el contenido de sus clases (hablando de cultura china, introduciendo masajes faciales, enseñando paciencia y concentración mediante juegos tradicionales chinos, etc.). También se reunieron con los padres, para que les ayudaran a motivar a los chicos a esforzarse más.

Al final de las 4 semanas todos los estudiantes, tanto los que tuvieron profesores chinos como los que los tuvieron ingleses, hicieron un examen en matemáticas, ciencias y chino mandarín, con los siguientes resultados (respectivamente): profesores británicos 54%, 50% y 37%. Profesores chinos: 68%, 58% y 46%.

estudiantes chinos

A pesar de los mejores resultados de los profesores chinos, el artículo termina dudando de que el sistema chino sea mejor. El director de la escuela británica argumentaba que “aunque obtiene buenos resultados, la disciplina es demasiado estricta para algunos estudiantes”. También dice que los profesores chinos “reconocieron” que su método no desarrollaba la creatividad ni la personalidad, y una de las profesoras chinas indicó que “era difícil saber qué sistema era mejor...”.

En el mejor de los casos, el artículo tergiversa el sistema educativo chino. Pienso que las jornadas escolares de 12 horas son consecuencia de la superpoblación china (a más gente, más competencia, y por lo tanto tienen que estar mejor preparados), y de la certeza de que la educación es un verdadero ascensor social. Es cierto que la gimnasia se utiliza para disciplinar a los alumnos, pero el ejercicio físico per se es bueno. Hay 50 alumnos por clase, pero los profesores están altamente especializados.

Inger Enkvist cita en Controversias Educativas a la profesora Liping Ma, nacida en China pero con doctorado en EEUU, quien compara la forma de enseñar matemáticas en escuelas de Primaria de ambos países: “en China cada profesor solo se encarga de una asignatura, y saben resolver problemas y explicar, no porque hayan recibido cursos de metodología, sino porque han tenido tantas clases de la materia que no les cuesta nada. Estudian Matemáticas durante tres años en la universidad y luego se concentran en el tipo de Matemáticas que aprenden sus alumnos (…) En EEUU los maestros tienen que impartir más asignaturas, así que de matemáticas saben lo justo. En el estudio se puso de manifiesto que los profesores estadounidenses no sabían responder a muchas preguntas de sus alumnos porque no conocían bien lo que enseñaban” (páginas 120 – 121).

Este artículo refleja nuestro alto grado de autocomplacencia, lo cual no nos ayudará a afrontar el desafío chino.

Bibliografía

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