¿Habrá democracia en China?

China ha experimentado un gran crecimiento económico, pero una clase media más rica y educada no implica el desarrollo hacia un régimen más democrático. Hay que tener en cuenta multitud de factores, como por ejemplo las estrategias políticas de las élites, las actitudes de los ciudadanos, y las relaciones entre los factores sociales y los económicos.

Ideología china

A principios del s. XX se culpó al confucianismo del atraso que vivía el país. Mao Zedong asoció el confucianismo al derechismo, enemigo de la igualdad de clases y de la revolución comunista. Tras su muerte, y en un país ideológicamente en ruinas tras la Revolución Cultural (1966-1976), el vacío ideológico fue sustituido por un consumismo rampante sin un claro sistema de valores: si el pueblo está ocupado en enriquecerse no se ocupa de la política.

La censura, la manipulación de la información y el gran crecimiento económico han generado nuevas pautas de comportamiento, con niveles altos de apatía e indiferencia política. De todas formas, no podemos dejar de relacionar esa apatía política con la inestabilidad permanente en la que ha vivido China durante los últimos dos siglos. En la memoria colectiva hay guerras, hambrunas y revoluciones; los únicos que siempre han llevado una existencia plenamente pacífica son los nacidos a partir de los años 80.

Las profundas reformas políticas y administrativas llevadas a cabo en China durante las últimas décadas han requerido de una gran habilidad para no desequilibrar el país, y las personas están dispuestas a sacrificar la libertad en aras de la estabilidad. Ante todo, se ha de guardar el equilibrio, y muchos piensan que la alternativa al Partido Comunista no sería una democracia sino cualquier situación peor. La desmembración territorial de la URSS en 1991, con las mafias ocupando los vacíos de la sociedad civil, es un escenario perfectamente real que los chinos quieren evitar a toda costa. 

Propaganda PCCh

Propaganda del Partido Comunista Chino (años 60)

Una China desintegrada territorialmente es una realidad que a lo largo de la historia china se ha repetido cíclicamente, pero hay dos poderosas fuerzas centrípetas: a) la colectivización, necesaria en las grandes obras hidráulicas y en la agricultura, y b) la cultura china, ya que de los seis a los doce años los niños chinos dedican una media de 4 horas diarias a memorizar caracteres, es decir, aprenden a convertirse en chinos.

Para la mayoría de occidentales el “socialismo con características chinas” es incoherente porque consideran antagonistas el capitalismo y el comunismo. Para los chinos, ambos sistemas están unidos por la lógica de la modernización, escogen de cada sistema las características que mejor resultado dan en su economía. 

Y su éxito es incontestable, China está llamada a ser la gran potencia del siglo XXI. Claudio F. González nos habla de Tecno-socialismo y capitalismo de Estado, recordándonos que “nos asusta –y mucho– que una autocracia demuestre ser mejor que nuestras democracias y nuestro respeto por la sociedad civil y los derechos humanos”.

Gobierno versus Estado en China

En China no existe separación entre Gobierno y Estado. El Partido Comunista Chino (PCCh), con casi 92 millones de miembros a finales de 2020, es una de las organizaciones políticas más grandes del mundo, y controla el poder legislativo, el ejecutivo, y los valores éticos y morales.

El poder está descentralizado (es imposible un control absoluto desde la capital, Beijing), pero no hay diversificación de poder: el único poder legítimo pertenece al Partido Comunista Chino.

Para construir una democracia es necesario la existencia previa de un Estado con una burocracia “servible”, donde el cambio de régimen no implique una transformación previa o simultánea del aparato estatal. Es decir, el Gobierno y el Estado tienen que ser cosas diferentes.

El mundo rural chino

Mundo rural chino

El mundo rural chino. 美丽中国, CTV/BBC/Travel Channel/Canal+

En la historia moderna de China el papel de los campesinos ha sido central. En los años 30 y 40 los comunistas no habrían triunfado sin su apoyo, aunque fuera pasivo. Entre los años 50 y 80 la explotación campesina fue básica para la acumulación de capital, necesaria para la primera industrialización. En los años 80, la reforma de mercado comenzó con la disolución de comunas y la liberalización de la economía agraria familiar. 

Algunos autores apuntan que el movimiento democrático de 1989, que desencadenó la tragedia de Tiananmen, habría tenido un resultado muy diferente si el mundo rural hubiera jugado un papel más activo.

Desde los años 90 se están implementando toda una serie de políticas para desarrollar el mundo rural, de modo que baje el número de campesinos, pero evitando su emigración masiva descontrolada, promoviendo el sector secundario (industria) y el terciario (servicios).También se está promoviendo el desarrollo económico de la región occidental de China (muy retrasada en comparación a la región oriental), como por ejemplo el programa "Desarrollo del Oeste". 

Se considera que un país desarrollado no tiene más de un 5% de campesinos en su población activa. En 1977, fecha del aperturismo chino de Deng Xiao Ping, la población rural china era el 82,48% de la población, y a finales del 2020 ya se había reducido al 38,72%.

Respecto a ese excedente forzado a emigrar a las ciudades, hasta ahora China se ha librado de las “favelas” y de las caóticas megalópolis al estilo indio porque ha habido una “industrialización sin urbanización”. En los años 80 y 90 se llevó a cabo un gran programa de construcción de viviendas, de ampliación de las ciudades grandes, de desarrollo de las medianas y pequeñas, y de creación de ciudades nuevas. 

Instituciones religiosas y no religiosas en China

A grandes rasgos en China siempre ha habido libertad de credo, pero desde épocas muy tempranas los gobiernos comprendieron que si querían conservar su fuerza tenían que controlar el proceso de institucionalización de cualquier religión: evitar la acumulación excesiva de riqueza, restringir las actividades, mantener un clero de tamaño reducido.

La China entre los siglos III y VI fue budista, como cristiana fue nuestra Europa medieval, pero mientras que en Europa la Iglesia Católica se convirtió en una institución internacional con una magnífica burocracia y un obediente emisario en cada aldea, el budismo nunca consiguió instaurar una institución de semejante fuerza. 

A título personal cualquiera es libre de profesar la religión/creencias que desee, pero no se le permite asociarse con un número demasiado alto de personas. Análogamente lo mismo pasa con cualquier tipo de asociación, organización e institución, donde el gobierno chino siempre ha mantenido un control estricto. Entre la familia y el Estado existen pocos espacios públicos que el gobierno no controle.

* Para la elaboración de este artículo, hemos seguido el análisis de Charles Powell al describir la transición política española de 1977.

Bibliografía

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