China es una de las grandes civilizaciones de la historia, y ha ejercido una gran influencia sobre sus territorios vecinos. Podemos distinguir claramente aquellos lugares que forman parte del mundo chino porque escriben con caracteres y comen con palillos,  símbolos del alto grado de sofisticación que alcanzó la cultura china desde edades muy tempranas. Se dice que el uso de palillos simboliza la victoria de la cultura sobre la fuerza: para evitar que los antiguos guerreros se pelearan a la hora de la comida se eliminaron las armas (los cuchillos) de encima de la mesa (y por tanto la comida se tenía que servir en trozos pequeños), costumbre que llega hasta la actualidad. Japón, Corea y Vietnam escriben o han escrito con caracteres chinos, y comen con palillos.

¿Por qué en Occidente consideramos que China siempre ha sido un país atrasado? En el imaginario colectivo, cuando se evocan una serie de eventos políticos y sociales que abarcan al menos tres generaciones (abuelos, padres e hijos), estos adquieren un sentido de eternidad que comparten la mayoría de miembros de la comunidad. Más de un siglo de decadencia china ha dejado en el imaginario colectivo europeo la idea de que China siempre ha sido un país atrasado.

La China del s. XVIII era exportadora de productos de lujo (té, sedas, porcelanas, lacas...), y superior a Europa en aspectos como la siderurgia, la agricultura y los tejidos. Después de una expansión casi continua de ocho siglos, ¿por qué China se debilitó tanto en el s. XIX? Parece ser que tras haber alcanzado el más alto nivel en campos como la agricultura intensiva, el acondicionamiento fluvial y la especialización y división del trabajo, los rendimientos del cultivo del arroz se estancaron. Se empezaron a cultivar las tierras altas, cuya desforestación provocaría inundaciones catastróficas. China se encontró con una mano de obra muy abundante a la que ni siquiera podía alimentar, y que hizo inútil continuar innovando para ahorrar en trabajo humano. La contradicción entre una extrema actividad económica y la imposibilidad de continuar innovando para aumentar el rendimiento económico, hizo que China cayera en la llamada “trampa del equilibrio a alto nivel”. 

El s. XIX también será una época de graves problemas sociales y del inicio del imperialismo por parte de potencias occidentales y de Japón. La derrota en las dos Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860) supusieron la ocupación parcial por parte de Inglaterra y Francia. La gran rebelión de los Taiping (1850-1864), versión china del cristianismo introducida por los misioneros y mezclada con elementos de las tradiciones filosóficas chinas, hizo que los rebeldes controlaran parcialmente el país durante quince años, hasta ser derrotados por tropas extranjeras que apoyaron a la decadente dinastía Qing. A finales de siglo China perdió una primera guerra contra Japón. La rebelión xenófoba de los Boxers (1899-1901) contra los privilegios otorgados a los misioneros y a otros extranjeros, provocó otra intervención de los poderes imperialistas que la aprovecharon para imponer más condiciones desastrosas a nivel económico.

Opio en China

El opio, que los ingleses introducían en grandes cantidades para rectificar una Balanza de Pagos que les era desfavorable, fue un gran problema social en la China del s. XIX.  La primera Guerra del Opio (1839-1842) fue el resultado de la prohibición china de su consumo (y de la destrucción de 20.000 cajas de opio británico en Cantón). La guerra se saldó con victoria británica.

Una revolución republicana acabó con la dinastía Qing en 1912, pero fracasó en su intento de instaurar una democracia parlamentaria. A partir de los años veinte comenzó una guerra civil entre las fuerzas del Partido Nacionalista y el Partido Comunista, que se solaparía con la invasión japonesa de 1937 y acabaría en 1949 con victoria del Partido Comunista. En 1949 毛泽东 (Máo Zédōng) proclamó la creación de la República Popular de China, afirmando que “el hombre enfermo de Asia se había puesto en pie”.

毛泽东 (Máo Zédōng) inició las campañas de colectivización de tierras a partir de los años cincuenta para movilizar la población y consolidar su poder. Dichas campañas incluyeron varias purgas, la campaña antiderechista, el Gran Salto Adelante (1958-1961) que provocaría una hambruna con millones de muertos, y la Revolución Cultural (1966-1976) que supuso una radicalización de la revolución china, con unos resultados también desastrosos. Hay que añadir la lucha contra EE.UU. en la Guerra de Corea (1951-1953), donde empezaría el bloqueo económico y diplomático que sufrió China durante la Guerra Fría, y la traumática ruptura de China con la URSS por la no aceptación china a la injerencia soviética a finales de los años cincuenta.

 

Li Zhensheng

La Revolución cultural (1966-1976) fue lanzada por 毛泽东 (Máo Zédōng) para recuperar el poder con el pretexto de "luchar contra la corrupción y las desviaciones ideológicas". Fotografía de 李振盛 (Lǐ Zhènshèng)

La inestabilidad permanente que ha vivido China durante el período s. XVIII – s. XX implica que la población actual de China, salvo la gente más joven (menores de 30 años), no haya conocido jamás ni la estabilidad ni la prosperidad. La generación de chinos que ostentan actualmente el poder han sufrido el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Han presenciado los incidentes de Tiananmen de 1989 y la desintegración de la URSS. Las profundas reformas políticas y administrativas llevadas a cabo en China durante los últimos 30 años han requerido de una gran habilidad para no desequilibrar el país. 

 

Bibliografía