A continuación describiremos brevemente algunos aspectos claves en la China actual: el mundo rural, la ideología, la ausencia de instituciones religiosas y no religiosas de gran impacto, la falta de separación entre Gobierno y Estado, y la legitimación del poder. 

a)      El mundo rural:

En la historia moderna de China el papel de los campesinos ha sido central. En los años 30 y 40, los comunistas no habrían triunfado sin su apoyo aunque fuera pasivo. Entre los años 50 y 80, la explotación campesina a cargo del Estado comunista fue básica para la acumulación de capital necesaria para la primera industrialización socialista. En los años 80, la reforma de mercado comenzó con la disolución de comunas y la liberalización de la economía agraria familiar. 

El mundo rural chino

El mundo rural chino. 美丽中国, CTV/BBC/Travel Channel/Canal+

 

A finales de 2012 el 47,4% de la población china era rural (642,22 millones de personas). Desde principios de los años 90 en el campo se están llevando a cabo toda una serie de cambios importantes, como por ejemplo la reforma del sistema de impuestos (enero de 1994) que divide ingresos y responsabilidades entre las autoridades centrales y locales. Las autoridades locales, después de recaudar los impuestos y de pasar una parte fija al gobierno central, tienen la potestad de recaudar lo que necesiten para cubrir sus gastos.

El concepto de dividir la recaudación de impuestos deriva de la teoría del “contrato” en una economía de mercado, pero el sistema político chino no tiene mecanismos de control democráticos. Algunos líderes locales han administrado las finanzas de forma irresponsable, y han trasladado esta carga sobre el campesinado que ha visto como aumentaban constantemente los impuestos hasta un límite insostenible. 

Consecuentemente, el conflicto social ha aumentado en las zonas rurales, y éste se tendría que examinar con cuidado, ya que no se ha de olvidar que los campesinos chinos fueron el principal apoyo del régimen de 邓小平 (Dèng Xiǎopíng), el promotor del aperturismo chino de 1977. Algunos autores apuntan que el movimiento democrático de 1989, que desencadenó la tragedia de Tiananmen, habría tenido un resultado muy diferente si el mundo rural hubiera jugado un papel más activo.

Quizá, en lugar de observar el crecimiento económico para intentar discernir una China más democrática en el futuro, deberíamos fijarnos en la evolución del mundo rural. Se calcula que para el 2020 China tendrá más de 1500 millones de habitantes (actualmente tiene 1300). Aunque para esa fecha existan otros 300 o 400 millones más de chinos urbanizados, en el campo seguirá habiendo una masa humana similar a la actual debido al crecimiento económico.

Se considera que un país desarrollado no tiene más de un 5% de campesinos en su población activa, pero en China donde más de la mitad de la población es rural y donde un porcentaje importante practica una agricultura de subsistencia (cultivan para comer, no para vender), esta receta no funciona. Si todo ese excedente se ve forzado a emigrar a las ciudades sólo podrá convertirse en población marginal de los suburbios. Hasta ahora, China se ha librado de las “favelas” y de las caóticas megalópolis al estilo indio porque ha habido una “industrialización sin urbanización”. En los años 80 y 90 se llevó a cabo un gran programa de construcción de viviendas, de ampliación de las ciudades grandes, de desarrollo de las medianas y pequeñas, y de creación de ciudades nuevas. 

En el año 2006 se aprobó el programa de Reforma Integral en el Campo, un programa de subvenciones, inversiones y ayudas al sector agrario. Se tiene que desarrollar el mundo rural de modo que baje el número de campesinos pero evitando su emigración masiva. Para ello se tienen que promover el sector secundario (industria) y el terciario (servicios). El gobierno ya ha iniciado políticas para promover el desarrollo económico de la región occidental de China, como por ejemplo el programa 西部开发( xībù kāifā, "Desarrollo del Oeste"). También representa una oportunidad de negocio para extranjeros. Beijing, Shanghai, Cantón, son mercados muy maduros y competitivos y con un nivel equiparable al de las grandes ciudades europeas. En este sentido, puede resultar mucho más interesante para una empresa extranjera el instalarse en el mercado virgen del interior de China.

b)      Ideología:


                                        Propaganda Partido Comunista Chino

                                        Propaganda del Partido Comunista Chino (años 60)

A principios del s. XX se culpó al confucianismo del atraso que vivía el país. 毛泽东 (Máo Zédōng) asociaría el confucianismo al derechismo, enemigo de la igualdad de clases y de la revolución comunista. Tras la muerte de 毛泽东 (Máo Zédōng) y en un país ideológicamente en ruinas tras la Revolución Cultural (1966-1976), el vacío ideológico ha sido sustituido por un consumismo rampante sin un claro sistema de valores: si el pueblo está ocupado en enriquecerse no se ocupa de la política. El Partido Comunista Chino ha aceptado el capitalismo, pero continúa controlando de forma centralizada la economía, la política y la sociedad chinas.

La censura, la manipulación de la información y el gran crecimiento económico ha generado nuevas pautas de comportamiento, con niveles altos de apatía e indeferencia política. De todas formas, no podemos dejar de relacionar esa apatía política con la inestabilidad permanente en que ha vivido China durante los últimos dos siglos. La población actual de China, salvo la gente más joven (menores de 30 años), no ha conocido jamás ni la estabilidad ni la prosperidad y en la memoria colectiva hay guerras, hambrunas y revoluciones. Las profundas reformas políticas y administrativas llevadas a cabo en China durante los últimos 30 años han requerido de una gran habilidad para no desequilibrar el país, y las personas están dispuestas a sacrificar la libertad en aras de la estabilidad.

En contra de la creencia actual de que la primera obligación de un gobierno es la de ser justo y constitucional, la humanidad y la justicia sólo son posibles en una sociedad donde alguna autoridad central puede lograr obediencia, por mucho que nos pese. Cualquiera que sean sus intenciones –humanas o inhumanas- el Gobierno ha de poseer poder para ejercerlo. En China, por doquier surgen llamamientos a la prudencia y el gradualismo. Ante todo se ha de guardar el equilibrio, y muchos piensan que la alternativa al Partido Comunista no sería una democracia sino cualquier situación peor. La desmembración territorial de la URSS en 1991, con las mafias ocupando los vacíos de la sociedad civil, es un escenario perfectamente real que los chinos quieren evitar a toda costa. Una China desintegrada territorialmente es una realidad que a lo largo de la historia china se ha repetido cíclicamente, y han habido tantos momentos de unión del imperio como de desunión.

c)      Instituciones religiosas y no religiosas:

En China no existe ninguna institución, laica o religiosa, que se asemeje al poder que tuvo (tiene) la Iglesia Católica en España. La China entre los siglos III y VI fue buddhista como cristiana fue nuestra Europa medieval, pero mientras que en Europa la Iglesia Católica se convirtió en una institución internacional con una magnífica burocracia y un obediente emisario en cada aldea, el buddhismo nunca consiguió instaurar una institución de semejante fuerza. 

A grandes rasgos en China siempre ha habido libertad de credo, pero desde épocas muy tempranas los gobiernos comprendieron que si querían conservar su fuerza tenían que controlar el proceso de institucionalización de cualquier religión: evitar la acumulación excesiva de riqueza, restringir las actividades, mantener un clero de tamaño reducido. A título personal cualquiera es libre de profesar la religión/creencias que desee, pero no se le permite asociarse con un número demasiado alto de personas. Análogamente lo mismo pasa con cualquier tipo de asociación, organización e institución, donde el gobierno chino ha mantenido (y sigue manteniendo) un control estricto. Entre la familia y el Estado existen pocos espacios públicos que el gobierno no controle. Quizá el espacio más “libre” sea internet, aunque la censura es muy fuerte. 

d)     Gobierno versus Estado:

En China no existe separación entre Gobierno y Estado. El Partido Comunista Chino (PCCh), con más de 71 millones de miembros, es una de las organizaciones políticas más grandes del mundo, y controla el poder legislativo, el ejecutivo, y los valores étnicos y morales. Los principios organizadores básicos del PCCh son el “centralismo democrático” (el individuo se subordina a la organización), el “liderazgo colectivo” (se prohíben todas las formas de culto a la personalidad), y la “protección de las minorías dentro del partido” (se permite a los miembros individuales libertad de expresión dentro de las reuniones).

El escalón superior de la organización del partido es el Congreso Nacional del Partido y su Comité Central. El poder se halla en el Buró Político o Politburó (22 miembros), su Comité Permanente (9 miembros), y el Secretariado. El Presidente de China, 习近平 (Xí Jìnpíng) y el Primer Ministro, 李克强 (Lǐ Kèqiáng) han sido elegidos entre los componentes del Comité Permanente del Partido Comunista Chino.

e)      Legitimación del poder:

En China el poder está descentralizado (es imposible un control absoluto desde la capital, Beijing), pero no hay diversificación de poder: el único poder legítimo pertenece al Partido Comunista Chino.


Todo lo que han conseguido los chinos sin democracia...

Queremos hacer ahora un pequeño inciso, y remarcar aspectos sumamente importantes que han conseguido los chinos sin democracia.

Cuando 毛泽东 (Máo Zédōng) murió en 1976, por primera vez en la historia para muchos chinos había suficiente comida, vestido y techo, acceso a una asistencia médica básica y a la educación elemental. La condición de la mujer había mejorado, y el opio y el juego habían dejado de ser grandes problemas sociales. Pese a todas las barbaridades del maoísmo del período 1955-1975, la revolución fue ante todo el inicio de la restauración de la paz y el orden y el renacimiento de una cultura milenaria que había estado postrada ante la ocupación extranjera.

La cultura china siempre ha estado marcada por la solidaridad del colectivo, por encima de la importancia del individuo. Donde los occidentales hablan de los Derechos del Hombre (y los derechos individuales), los chinos hablan de Derechos Humanos (el bien común). Los occidentales dicen que en China no se respetan los derechos y las libertades fundamentales, a lo que los chinos responden que el primero de ellos es comer y que ellos han sacado de la pobreza extrema a más de quinientos millones de personas: en 1981, 606 millones de chinos (el 61% de la población) vivía con menos de 1$ al día, y en 2001 esa cifra había bajado a 212 millones (el 16,6% de la población). En los últimos 30 años ningún país ha sacado a más gente de la pobreza y ha escolarizado a más niños que China, y les duele que eso no se reconozca.

El llamado “milagro chino” no existe, el éxito reside en el trabajo duro y en la elección de políticas adecuadas ante los grandes problemas de China. 邓小平 (Dèng Xiǎopíng) aprovechó la estatalización económica de los cincuenta y determinadas posibilidades de la globalización para promover las grandes reformas económicas. Con la “industrialización sin urbanización” y la restricción a la migración interna (aunque injusta a nivel de derechos humanos) se evitaron las consecuencias de la explosión urbana que fueron nefastos en el resto de los países del Tercer Mundo.

Para la mayoría de occidentales el “socialismo con características chinas” es incoherente porque consideran antagonistas al capitalismo y al comunismo. Para los chinos, ambos sistemas están unidos por la lógica de la modernización, escogen de cada sistema las características que mejor resultado dan en su economía. No hemos de olvidar que en los años 30 la URSS comunista salió prácticamente indemne de la crisis del 29 que asoló a Occidente, y existen documentos del Departamento de Estado norteamericano que hablan de la superioridad de las economías de planificación central. Actualmente, en Europa estamos inmersos en otra gran depresión económica, pero China está sorteando la crisis con bastante solvencia.

Con todo ello no queremos decir que en Occidente tengamos que emular al modelo chino. La democracia y los derechos constitucionales son un regalo de valor incalculable que tenemos que conservar. Quizá, lo que sí deberíamos copiar de los chinos es su capacidad de encontrar las recetas que funcionan en la economía. 

 

Shanghai

Shanghai, paradigma de la modernización china. 美丽中国, CTV/BBC/Travel Channel/Canal+

 

Bibliografía