Para poder ver con mayor claridad la multitud de factores que tienen que confluir para que se produzca una transición democrática, describiremos un caso muy cercano: la transición política en la España de 1977 (mediante un análisis realizado por Charles Powell). En España ha solido argumentarse que debido a un cambio de política económica y gracias a un contexto exterior muy favorable, se produjo un notable crecimiento económico con grandes consecuencias sociales, y estos cambios sociales permitieron el desarrollo de una nueva cultura política. En cierta manera, la democracia española fue una “consecuencia no deseada” del desarrollo económico promovido por el régimen autoritario del general Franco, el cual habría caído en su propia “trampa de modernización”. Pudiera parecer que la implantación de la democracia en España era inevitable, pero la experiencia nos dice que la democracia no era el único resultado posible.

En España, el crecimiento económico trajo consigo una profunda transformación estructural. En poco más de una década pasó de tener la estructura típica de una sociedad rural, semiestamental y semiindustrializada a desarrollar la de un país industrial. La disminución de la población agraria de la mitad a la cuarta parte de la población activa total, proceso que en Francia duró casi tres cuartos de siglo, 50 años en Alemania y 30 en Italia, en España se produjo en poco más de 20 años. El éxodo de campesinos dejó sin mano de obra a pequeños propietarios que no se podían permitir la mecanización, con importantes consecuencias políticas, ya que el pequeño propietario agrícola había sido uno de los pilares sociales del régimen franquista.

Hizo su aparición un nuevo empresario medio agrícola, mecanizado y orientado hacia la exportación que poco tenía que ver con el de los años treinta; ya no pedía al Estado que reprimiera al jornalero, sino créditos y la defensa de sus redes de comercialización. Los grandes terratenientes, soporte fundamental de la dictadura, perdieron peso e influencia política.

Esta nueva estructura de clases favoreció la transición política a la democracia, porque a diferencia de los gobiernos reformistas de la II República, los gobiernos ya no tendrían que satisfacer la demanda de una reforma agraria. La conflictividad en el mundo agrario, una de las causas por las que cayó la II República, se había disuelto, y esta vez el campo actuaría como elemento estabilizador.

El otro gran cambio estructural fue el surgimiento de una nueva clase obrera urbana, diversificada, cualificada y no cualificada. A diferencia de lo sucedido en los años 30, el movimiento obrero surgido en los años 60 desarrolló una política democrática y de negociación, donde las clases medias españolas ya no rechazaban el capitalismo.

En los años inmediatamente anteriores a la muerte de Franco existían niveles muy altos de apatía e indeferencia política (debido al impacto desmovilizador de las nuevas pautas de consumo, a las consecuencias de la represión, a la censura y a la manipulación de la información política). Sin embargo, aunque para los españoles fueran más importantes la paz, la estabilidad y el orden que la justicia, la libertad o la democracia, esto no significaba que no anhelaran democracia y libertades. El tránsito a la democracia no requería un rechazo global previo a la dictadura, ya que las creencias se pueden ajustar con el paso del tiempo.

Los cambios socioeconómicos favorecieron la aparición de un amplísimo espacio social intermedio (asociaciones, organizaciones e instituciones), situado entre la familia y el Estado, muchas de las cuales escapaban del control del régimen. Aunque no podían ofrecer una alternativa viable al régimen autoritario, crearon espacios públicos que éste no controlaba, minando así su legitimidad.

El fenómeno que más contribuyó a la deslegitimización del régimen de Franco durante los años 60 y 70 fue la postura crecientemente distante, cuando no crítica, adoptada por sectores cada vez más amplios de la Iglesia Católica. El cambio de actitud de la Iglesia puede deberse, en parte, a un proceso avanzado de secularización de la sociedad española (análogo al vivido por otras sociedades europeas algunos años antes).

Respecto a los nacionalismos periféricos, la dictadura logró que sus reivindicaciones fueran asumidas por buena parte de la oposición no nacionalista. Dado que se identificaba dictadura con españolismo, en vísperas de la muerte de Franco no era fácil considerarse demócrata y español a la vez.

El ejército fue perdiendo influencia debido a la creciente separación entre el régimen franquista y el Estado, ya que el “desarrollismo” implicó un gran crecimiento del Estado (Administración, servicios públicos, etc.). Fueron ganando posiciones funcionarios que ni siquiera se identificaban con el franquismo. Para construir una democracia es necesario la existencia previa de un Estado, con una burocracia “servible” donde el cambio de régimen no implique una transformación previa o simultánea del aparato estatal. Es decir, el Gobierno y el Estado tienen que ser cosas diferentes.

Finalmente, toda dictadura exige el control del poder sin diversificaciones. Cuando el poder se diversifica, la dictadura tiende a disolverse. En el caso franquista, se estableció un nuevo poder (aunque fuera aplazado) cuando se designó a don Juan Carlos como sucesor político de Franco. Aunque una Ley Orgánica diera de facto todo el poder al presidente del Gobierno y el monarca (el Jefe de Estado) tuviera un poder limitado, el asesinato de Carrero Blanco en 1973 truncó los planes del dictador. Los “duros” del régimen pretendieron que Franco reasumiera la presidencia del Gobierno, aunque sorprendentemente se nombró a Arias Navarro en enero de 1974 quien resultó ser un presidente díscolo e independiente.

Una vez muerto Franco, don Juan Carlos paso a ser un rey con poderes limitados ya que todo el poder se trasladó al presidente del Gobierno. Don Juan Carlos supo que jamás heredaría ni la autoridad personal ni la legitimidad carismática de Franco (de hecho, Arias Navarro le era hostil), por ello resultaba imprescindible asentar la futura monarquía en otro tipo de legitimidad, que en aquel contexto temporal y geográfico sólo podía ser de naturaleza democrática. Don Juan Carlos tuvo mecanismos con los que maniobrar porque Franco había instaurado instituciones y procedimientos para controlar su sucesión, pero que paradójicamente facilitaron el posterior desmantelamiento del régimen franquista al proporcionar a los reformistas los instrumentos jurídicos y políticos necesarios para hacerlo sin vulnerar su propia legalidad.

  

Bibliografía